martes, 20 de febrero de 2018

La gran tomadura de pelo literaria de Romain Gary


La gran tomadura de pelo literaria de Romain Gary


La obra del escritor francés, que firmó parte de sus libros con pseudónimo, se revitaliza con nuevas ediciones y adaptaciones cinematográficas



GUILLERMO ALTARES
Madrid 17 FEB 2018 - 18:02 COT

La única verdad en la vida de Romain Gary es su obra. Y ya es mucho. Este escritor francés de origen ruso (1914-1980) ha logrado no pasar de moda, pese a que el mundo intelectual francés nunca se tomó demasiado en serio a este novelista, diplomático, héroe de la liberación, marido de la actriz Jean Seberg, guionista de Hollywood, director de cine, aventurero y responsable de una de las mayores tomaduras de pelo literarias de la historia. Resulta imposible saber quién fue el verdadero Romain Gary, pero está claro que, casi 40 años después de su muerte, es un autor mucho más leído que la mayoría de sus contemporáneos.
En España saldrá a la venta la semana que viene una nueva edición de su novela Lady L (Galaxia Gutenberg, traducción Gema Moral Bartolomé), mientras que en Francia se estrenó recientemente una película basada en su autobiografía, La promesa del alba, con Charlotte Gainsbourg. Una nueva traducción al inglés del libro que publicó poco antes de suicidarse, Las cometas, le ha convertido en el protagonista de largos artículos en la prensa estadounidense, desde The New York Times hasta The New Yorker. Su aventura vital ha sido el objeto de biografías del profesor de Princeton David Bellos y de la académica francesa Dominique Bona, de recreaciones literarias por parte de Nancy Milford y Laurent Seksik. Esta semana, Perro blanco, una de sus obras más conocidas, se encontraba entre los más vendidos en Amazon Francia.
Pero, sobre todo, su mito se basa en que fue capaz de burlarse de casi todo el establishment literario francés cuando se escondió detrás del seudónimo de Émile Ajar para publicar una serie de novelas de enorme éxito. De hecho, es el único escritor que ha ganado dos veces el premio Goncourt, algo que en teoría está prohibido: con su nombre por Las raíces del cielo, una profética novela ecologista sobre la caza de elefantes, y como Ajar por La vida por delante, la historia de Madame Rosa, una superviviente del Holocausto, que se ocupaba de cuidar a hijos de prostitutas en el barrio popular parisino de Belleville. Este libro, narrado en primera persona por un adolescente árabe llamado Momo en un francés insólito, se convirtió rápidamente en un descomunal éxito literario y su versión cinematográfica, con Simone Signoret, ganó el Oscar al mejor filme de habla no inglesa. Hasta su muerte, no se descubrió el engaño.
Romain Gary
París,1974. 







ADIÓS AL ‘NOUVEAU ROMAN’


Cuando se suicidó, el 2 de diciembre de 1980, Gary había dejado al cuidado de su editor, Gallimard, un manuscrito en el que explicaba la invención de su seudónimo, un pequeño libro delicioso titulado Vida y muerte de Émile Ajar. En él, explica que cuando algunos insistieron en que Gary y Ajar eran la misma persona, no les creyeron. “No querían saber nada: Gary era incapaz de escribir algo así. Era un autor clasificado, catalogado, amortizado”, explica. Sin embargo, cuatro décadas después la visión de su obra ha cambiado mucho.
“El resurgimiento de Gary como un maestro de la literatura tiene que ver con la revaluación de la historia de la ficción francesa de la posguerra”, explica su biógrafo Bellos. “La obra muy intelectual de los maestros del nouveau roman, como Robbe Grillet, no ha resistido la prueba del tiempo. Gary, que nunca fue del gusto de los árbitros literarios parisienses, con los años se ha convertido en un escritor serio e innovador, que trató temas que siguen siendo cruciales, como lo que nos convierte en seres humanos, el papel del humor en la vida, el legado del Holocausto o que puso el foco sobre los marginados”. Vida y muerte de Émile Ajar acaba con una frase muy célebre: “Me lo he pasado muy bien. Adiós y gracias”. Sus lectores podemos decir lo mismo.

“Romain Gary siempre fue un escritor popular en Francia y sus grandes libros siempre han estado disponibles”, explica por correo electrónico su biógrafo David Bellos, traductor, profesor de literatura francesa en Princeton (EEUU) y autor de biografías de Georges Perec y Balzac. El título de su libro resulta toda una declaración de principios: Romain Gary. Una historia inverosímil (A tall story). “Fue un gran narrador y la espectacular creación de su segunda identidad, Émile Ajar, nunca ha dejado de fascinar y entretener. En cambio, pese a que fue un autor muy leído y conocido en los cincuenta y sesenta en EEUU, la revelación del engaño de Ajar tras su suicidio le convirtió en un personaje tóxico para muchas editoriales. Sin embargo, ahora las cosas están cambiando y sus libros están volviendo a traducirse”.
La vida de Gary es una gran novela de aventuras, tan increíble como la que describe en La promesa del alba. Gran parte de lo que cuenta en ese libro no es cierto, aunque sus biógrafos sostienen que sus andanzas reales son igualmente interesantes. Nació como Roman Kacew en una familia judía de Vilna cuando la ciudad formaba parte del Imperio ruso. Tras la I Guerra Mundial, la ciudad pasó a Polonia, donde creció hasta 1928, cuando su madre –francófila convencida— se instaló en Niza con él después de que su padre les abandonase. La obsesión de su madre fue que su hijo triunfase en el país de adopción y murió antes de verlo convertido en un escritor de éxito desde sus primeros libros, en un compañero de la Liberación, miembro de la Legión de Honor, en un héroe de la aviación amigo de Charles de Gaulle y de André Malraux, en un personaje crucial de la vida pública francesa desde los cincuenta hasta su muerte. Fue enterrado con todos los honores de un héroe de la patria.
Los grandes libros de Gary (y Ajar) están disponibles en castellano, en diferentes editoriales, desde La vida ante sí hasta La promesa del alba; Próxima estación, final de trayecto; Europa; El bosque del odio o La angustia del rey Salomón. Profundamente políglota, hablaba ruso, polaco, yidis y escribía en francés y en inglés. De hecho, se traducía a sí mismo entre las dos lenguas. Lady L, que como casi todas sus novelas fue llevada al cine casi inmediatamente, en este caso con Peter Ustinov como director y Sophia Loren y Paul Newman como protagonistas, es una clásica novela de Gary: divertida, con un personaje femenino muy fuerte y libre, que mezcla la historia con la imaginación.
“Tengo la impresión de haber sido vivido por mi vida”, declaró en una entrevista que se publicó póstumamente. “Cuando entraba en contacto de los medios de comunicación, convivía constantemente con un personaje llamado Romain Gary, que no tenía nada que ver conmigo”, agrega. Pese a que Gary sufrió enormes periodos de depresión, era un hombre con mucho sentido del humor, que llenó sus novelas y su vida de risas. En La promesa del alba cuenta que en una época de su infancia se dedicó al malabarismo y que llegó a ser muy bueno, pero nunca fue capaz de mantener en el aire más de seis pelotas a la vez. Utiliza esto como metáfora de la literatura y la creación al señalar que “incluso los más grandes de entre nosotros, como Malraux, siempre se dan cuenta de que la última bola está fuera de su alcance y toda su obra está marcada por esta angustiosa certeza”. Gary, sin embargo, fue capaz de poner en el aire muchas más bolas de las que nunca creyó.

Anónimo / Canción rumana




Anónimo
CANCIÓN RUMANA

La vaca se ha vuelto estéril
y la niña está preñada.
La niña pare, y la vaca,
y la vaca no da nada.





Por qué se llevan mal las actrices de ‘Sexo en Nueva York’


Por qué se llevan mal las actrices de ‘Sexo en Nueva York’

Las protagonistas de la famosa serie de Carrie Bradshaw nunca fueron amigas


Irene Crespo
Madrid, 18 de febrero de 2018

“Quizá nuestras amigas son nuestras almas gemelas y podemos dejar que los hombres sean solo gente con la que divertirnos”, la frase era de Carrie Bradshaw en un capítulo de Sexo en Nueva York después del enésimo desengaño amoroso de su protagonista.
Hay muchas razones por las que la serie protagonizada por Sarah Jessica Parker y estrenada en 1998 fue revolucionaria en la historia de la televisión. Pero, sobre todo, sería la manera en la que retrataba la amistad entre cuatro mujeres ya adultas. Los romances de Carrie, su eterno dilema con Mr. Big no eran más que el macguffin, ese elemento que inventó Hitchcock para hacer avanzar la trama pero que no es realmente relevante. Lo que de verdad importaba en Sexo en Nueva York eran las salidas y entradas de estas cuatro mujeres, sus revelaciones delante de un brunch. Y, confundiendo realidad y ficción, se creyó durante mucho tiempo que esa amistad saltaba de la pantalla a la vida real. Sin embargo, tras meses de rumores de las relaciones, Kim Cattrall, que interpretaba a Samantha, le dijo alto y claro en internet a Parker: “No eres mi amiga”.




Sexo en Nueva York
Las protagonistas de 'Sexo en Nueva York' en el estreno de la segunda película de la saga, en Londres. GETTY IMAGES


Según un libro nunca publicado de Clifford Streit, el hombre que inspiró el personaje de Stanford en la serie, las tensiones entre Cattrall y Parker empezaron enseguida cuando se dieron cuenta de que la primera era “una cómica natural, y una robaescenas”. Y Parker veía su protagonismo amenazado y, según justificaba un artículo de Page Six, ese habría sido el desencadenante de aislar progresivamente a Cattrall en los rodajes.

Según Kim Cattrall, la relación era “tóxica” y, aunque nunca ha sido señalada directamente por sus excompañeras de reparto, cuando cada una de la dos películas que se hicieron tenía algún problema ella era la culpable a partir de “rumores” publicados por los medios. Lo que la convirtió en la mala del grupo. Kristin Davis, la dulce Charlotte en Sexo en Nueva York, sin mencionarla, dejó muy claro sus sentimientos en septiembre del año pasado cuando se confirmó que no había tercera película. En un post en su cuenta Instagram dijo que era “profundamente frustrante no poder compartir el capítulo final [bellamente escrito por Michael Patrick King]”. 




Sexo en Nueva Yorkampliar foto
Cynthia Nixon, Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, and Kristin Davis en la gala de los Emmys de 1999. GETTY IMAGES


Pero según fuentes de la revista People entonces, Davis era la que estaba más interesada de las cuatro en una tercera película, quizá porque de las cuatro es la que menos ha trabajado. Mientras Sarah Jessica Parker en seguida enganchó con papeles en comedias románticas, tiene ya otra serie de éxito en HBO (Divorce) y se ha centrado en levantar una empresa de moda y belleza con su nombre; Cynthia Nixon retomó su carrera en Broadway y ha tenido buenas críticas en películas como Historia de una pasión, desde el final de Sexo en Nueva York, Kristin Davis solo ha conseguido media docena de papeles sin trascendencia. De hecho, aunque la prensa solo hable de la relación con Kim Cattrall, desde que acabó la serie en 2004 las reuniones entre las actrices han sido contadas. Haciendo caso a las redes sociales, por las fotos juntas compartidas en los últimos años solo Cynthia Nixon y Kristin Davis mantienen un contacto directo y personal. Davis fue quien animó a Nixon a abrirse una cuenta en Instagram y parece que se ven más allá de saraos profesionales a pesar de que viven en puntas diferentes del país.
Al acabar el rodaje de la serie, Kristin Davis se mudó a su Los Ángeles natal, donde vive con su hija. Y aunque Cynthia Nixon y Sarah Jessica Parker siguen viviendo en Nueva York y eran las que tenían una amistad previa no han compartido muchos momentos privados en la última década. Aunque Sarah Jessica Parker niega una disputa, y solo vea un ataque unilateral, quizá Ryan Murphy saque de aquí una segunda temporada de su serie Feud. Y quizá como en aquella supuesta lucha entre Joan Crawford y Bette Davis, la culpa no era de ellas.




UNA VIDA LEJOS DE LA GRAN MANZANA


Cattrall abandonó Nueva York en cuanto acabó la serie y ha llegado a decir que siendo 10 años mayor que el resto de sus compañeras y sin tener hijos, no había nada que la uniera a ellas. “Lo que teníamos en común era la serie y se acabó”, ha dicho. Y ha defendido siempre que todas no eran más que colegas de trabajo. Algunas más cordiales que otras, se entiende. Porque, antes de desactivar los comentarios en su post de Instragram sobre la muerte de su hermano, le dio las gracias a Cynthia Nixon por su pésame: “Oír tu voz significó mucho para mí. Gracias por llamar”




lunes, 19 de febrero de 2018

Mauricio Vargas / El espejo venezolano


Mauricio Vargas

El espejo venezolano

Aquí las cosas no van de maravilla, pero mirarse en el espejo vecino deja ver que pueden empeorar.

14 de enero de 2018

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, salió esta semana a decir que miles de colombianos pasan a diario hacia su país para ser atendidos por el sistema público de salud, porque en Colombia no funcionan esos servicios. El presidente Juan Manuel Santos le ripostó duro, con razón, pues hace falta mucha cachaza para negar, como Maduro pretende, que la economía de Venezuela, incluidos servicios como la salud, ha colapsado. Y no es que en Colombia el asunto de la salud vaya de maravilla, pero de seguro marcha mucho mejor, como casi todo lo demás.
La inflación en Venezuela, que era del 320 % hace unos meses, ya supera el 2.000 %. El desempleo sobrepasó en 2017 el 21 % y la pobreza, que decreció en los cinco primeros años de Hugo Chávez gracias a la bonanza petrolera, lleva ya medio decenio al alza: hace poco menos de un año, un estudio reveló que 82 % de los hogares viven por debajo de la línea de pobreza, con más del 50 % en niveles de pobreza extrema. La tasa de homicidios, que era de 20 por cada 100.000 habitantes, llegó a 70. Millones de venezolanos no solo viven con hambre, sino muertos de miedo. Por eso, y porque mientras esto ocurre un puñado de privilegiados del chavismo que han saqueado las arcas públicas se pasean en jets privados, con Rolex de 50.000 dólares y cuentas de millones y millones en los paraísos fiscales, el cinismo de Maduro raya en lo criminal.



En Colombia, las cosas no van de maravilla. Pero la inflación ronda el 4 %, el desempleo está por debajo del 10 %, la pobreza bajó en 15 años de 50 a menos de 30% (lo que sigue siendo alto, pero la tendencia es positiva) y la tasa de homicidios tuvo exactamente la evolución inversa en 20 años: bajó de 70 por cada 100.000 habitantes a poco más de 20, que aún es mucho. En cuanto a la corrupción, aquí los saqueadores del tesoro público no se quedan atrás, pero, aun si uno suma todos los escándalos conocidos, no hay manera de llegar a la forma como se esfumaron de Venezuela 500.000 millones de dólares de la bonanza petrolera.

Esta comparación no es para que los colombianos saquemos pecho, pues aquí hay mucho lío que resolver y algunos –como el de la corrupción– tienden a agravarse, pero sí para que nos miremos en el espejo venezolano y nos sirva de advertencia, ahora que llegan las elecciones presidenciales y, entre las opciones del tarjetón, hay algunas con un innegable tufo chavista. No es exagerado decir que Gustavo Petro, el presidenciable del Movimiento Progresistas, es afín a esa línea programática. Lo mismo se puede predicar del candidato que vayan a lanzar las Farc y de las aspirantes Piedad Córdoba y Clara López.

En lo personal, estoy convencido de que el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo está muy lejos, lejísimos, de esa línea ideológica. Pero no así sus socios del Polo Democrático, un partido liderado por políticos de formación marxista como el senador Jorge Robledo. Para vacunarse contra esos temores, en uno de los pocos puntos claros de su etéreo programa, Fajardo ha dicho que no piensa tocar la propiedad privada. Suena bien, pero vale recordar que eso mismo decía Hugo Chávez en la campaña electoral que lo llevó al poder en 1998.

No digo que lo anterior haga buenas, por sí solas, a las demás opciones, como Iván Duque, Germán Vargas, Marta Lucía Ramírez o Juan Carlos Pinzón –quien, a pesar de no marcar mucho en las encuestas, ha hecho una campaña seria–. No votaré en las presidenciales por uno de ellos solo porque no sea chavista: para convencerme hará falta mucho más en materia de propuestas concretas y compromisos, incluido el de la anticorrupción. Pero, hecha esta aclaración, a la hora de pensar en el voto resulta de gran utilidad mirarse en el espejo de Venezuela y aprender las lecciones que se derivan de semejante tragedia.


Mauricio Vargas / Y cómo es él




Mauricio Vargas

Y cómo es él

Aquí algunos criterios para escoger al candidato por una reflexión seria y no por amores ni odios.

21 de enero de 2018

A cuatro meses de la primera vuelta de las presidenciales, no he decidido aún por quién votar. Y, como muchos lectores me han escrito que andan en las mismas, quiero contribuir a la decisión con una reflexión basada en criterios claros y no en meros impulsos de amor y odio, como los que suelen determinar el voto de muchos. Definí cuatro características por evaluar en cada candidato: su capacidad de liderazgo, sus propuestas, su experiencia y capacidad de gestión, y las buenas o malas compañías con que anda.
En materia de liderazgo, me interesa determinar no solo quién tiene más mando, sino quién lo ejerce mejor, con cabeza más fría, con inteligencia racional y emocional. No hay duda de que Germán Vargas manda, pero su ejercicio de ese mando no siempre es el más acertado porque se sale de casillas con facilidad. Juan Carlos Pinzón demostró, lo mismo en el Mindefensa que en la embajada en Washington, que sabe mandar y mandar bien. Hace cuatro años, Marta Lucía Ramírez quedó de tercera en la primera vuelta tras una demostración de liderazgo tranquilo.


De la Calle fue un buen coordinador del equipo negociador en La Habana, pero su actitud de andar rogando para entrar en una de las coaliciones en formación en esta campaña lo muestra débil y poco convencido de sus propias opciones. A pesar de su juventud y de su escasa experiencia en cargos públicos, Iván Duque ha demostrado un liderazgo inteligente para imponerse en su propio partido, el Centro Democrático, sin dejarse torear por los ‘furibistas’ de cabeza caliente.

En materia de propuestas, no solo quiero conocerlas sino saber qué tan estructuradas están o, por el contrario, qué tan vagas son. Es un campo donde hasta ahora saca ventaja Vargas, con un paquete bien organizado y trabajado, aunque Duque y Pinzón, y en días recientes De la Calle, han hecho un buen esfuerzo. En el caso de Fajardo, leí sus 13 propuestas. Una de las más importantes, la de educación, ilustra la vaguedad de su lenguaje: “La esperanza se escribe con E de educación”, dice, y explica que la educación debe ser un derecho y no un privilegio: obvio. No hay una sola línea sobre el cómo lograr ese objetivo, ni de dónde sacar los recursos.

En experiencia y capacidad de gestión, Vargas tiene sus buenos puntos, con cosas que mostrar en vivienda social e infraestructura. Fajardo hizo una buena alcaldía de Medellín, pero una gobernación de Antioquia más bien floja. De la Calle ha sabido gestionar asuntos políticos –Constituyente del 91, proceso de paz–, pero no tiene qué mostrar en las ejecutorias sociales o de obra. Pinzón fue un excelente Mindefensa mientras el presidente Juan Manuel Santos lo dejó. Y Duque tiene poca experiencia en cargos públicos.

En materia de compañías, se rajan casi todos. Vargas ha hecho alianzas hasta con el diablo en varias regiones. De la Calle carga con algunas ovejas muy sucias del viejo Partido Liberal. Marta L. Ramírez carga con otras igual de sucias, del conservatismo. Duque tendrá que cargar con lo más maluco del uribismo. Fajardo tiene caras más limpias y mostrables, y ese es su fuerte. Pinzón se salva porque casi nadie lo acompaña debido a que no termina de arrancar en las encuestas.

No hablo de Gustavo Petro porque su clara deriva chavista lo descarta, para mí, como opción por considerar. A los demás no les veo opción alguna. Este ejercicio no se agota en la columna de hoy. Es apenas un esbozo para empezar a descartar a unos y mantener a otros como opción personal de voto. Hagan su propio ejercicio: el mío solo es un ejemplo, y no pretendo que lector alguno lo siga. Pero sí los invito a tomarse su tiempo, a dejar que la campaña avance y a tomar su decisión de voto como resultado de una reflexión ponderada sobre cómo debe ser el próximo presidente.



domingo, 18 de febrero de 2018

Mauricio Vargas / Aislar a Maduro




Mauricio Vargas
Aislar a Maduro

Que Europa y A. Latina impulsen el juicio internacional de Maduro por crímenes contra su pueblo.


La primera ministra peruana, Mercedes Aráoz, lo ha dicho con claridad: el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, “no puede entrar ni al suelo ni al cielo” del Perú porque “no es bienvenido”. Con esas contundentes palabras, la jefa de gabinete confirmó el retiro de la invitación al mandatario venezolano, quien no podrá asistir a la Cumbre de las Américas, por celebrarse en Lima el 13 y el 14 de abril. Con su verborrea de sátrapa ignorante, Maduro ha respondido a lo macho: “Iré a la cumbre, llueva, truene o relampaguee”.
Aunque Maduro ladre, la realidad es que el anuncio de Perú, consultado con las principales cancillerías de la región, marca el inicio de un merecido aislamiento internacional al corrupto y sanguinario régimen chavista, que ha llevado a Venezuela a una tragedia humanitaria de hambre y violencia que produce miles de refugiados semanales, hacia Colombia y otros países de la zona. La reacción latinoamericana se ha tardado mucho: tras años de mirar para otro lado, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y la mayoría de sus colegas han comprendido que la onda expansiva de la explosión social de Venezuela amenaza a toda la región.


He sostenido varias veces en esta columna que Hugo Chávez y sus compinches llegaron al poder por culpa de la corrupción e indolencia de los partidos tradicionales y de buena parte del empresariado: Colombia y otros vecinos deben derivar de ello las lecciones. Pero hace tiempos que esa justificación dejó de servir para avalar la barbarie represiva y el saqueo criminal que desapareció cientos de miles de millones de dólares de la bonanza petrolera. Por mucha culpa que les quepa a los dirigentes de la Venezuela prechavista, sus sucesores los han superado con creces en materia de corrupción, destrucción de riqueza y empleo, violación de derechos humanos y cinismo.

Pero impedirle a Maduro ir a la cumbre de Lima no es suficiente. ¿Qué más hay que hacer? Lo primero es atajar cualquier bravuconada de la administración Trump, algunos de cuyos voceros han sugerido una intervención por la fuerza, pues eso solo serviría para llenar de justificaciones a Maduro y sus secuaces, victimizarlos y atornillarlos al poder. La falta de legitimidad internacional de Trump y su camarilla de improvisadores obliga a América latina y a Europa a llevar la voz cantante en la urgente tarea de derrocar al chavismo y darle a Venezuela instituciones democráticas.

Lo segundo es aislar a los idiotas útiles de los que Maduro y su combo se aprovechan, como el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que se creyó el cuento de que actuaba como mediador con la oposición, cuando no era más que un agente legitimador de las atrocidades de la dictadura chavista. Lo tercero es un bloqueo económico que ahogue las finanzas del régimen de Caracas para que no tenga cómo comprar el apoyo de pequeños y débiles países del Caribe, que le siguen haciendo el juego en la OEA.

Lo cuarto, y quizás más importante, que las cancillerías latinoamericanas y europeas impulsen un procesamiento judicial internacional contra Maduro, su aliado criminal Diosdado Cabello y todos sus esbirros, por el gigantesco crimen humanitario del que son responsables: matar de hambre y de represión a un pueblo mientras se roban los petrodólares que son de ese pueblo y no de sus ilegítimos gobernantes.

Y, ojo, hay una quinta tarea: evitar por todos los medios democráticos que imitadores de Chávez ganen las elecciones y lleguen al poder, aquí en Colombia y en otros países de la región, porque si algo así ocurre con, por ejemplo, Gustavo Petro en las votaciones de este año, Maduro y su pandilla no solo habrán ganado el pulso, sino que la tragedia que hoy vive Venezuela se regará por el vecindario como pólvora.


sábado, 17 de febrero de 2018

La forma del agua / Magia y compasión



LA FORMA DEL AGUA

Magia y compasión

Creo que Guillermo del Toro ha logrado su obra maestra, en la que todo funciona



CARLOS BOYERO
16 FEB 2018 - 05:55 COT

En todo el cine de Guillermo del Toro, ese hombre adulto que nunca ha perdido la pasión y la fidelidad al cine, las historias, los personajes, los ambientes y las ensoñaciones que le fascinaron desde niño, existen convicciones que nacen en la infancia, aplicables al cine y a la vida. Los espectadores pequeñitos teníamos muy claro (y quiero pensar que a los actuales les ocurre lo mismo) que en cine existían los buenos y los malos y, por supuesto, desconocíamos el significado del maniqueísmo ni falta que nos hacía. Y ganaban los buenos. Posteriormente el cine y la vida te demostrarán que existe algo llamado matices, que además del blanco y el negro hay más colores, que son intercambiables, y que en el mundo real casi siempre vencen los malos.

Acusan a Del Toro de copiar La forma del agua de este corto






Acusan a Del Toro de copiar La forma del agua de este corto

¿Crees que la cinta del mexicano se parece a este corto de 2015?

18 enero, 2018 
Daniela Barranco
-
Guillermo del Toro plagió La forma del agua
Foto: IMDB
El éxito de la nueva película de Guillermo del Toro es innegable. En la reciente entrega de los Globos de Oro, el cineasta mexicano ganó en la categoría de Mejor Director; en los Critics’ Choice Movie Awards, se llevó los premios de Mejor Película y Mejor Director; además, suena como un fuerte contendiente para la próxima entrega del Óscar. Sin embargo, hay personas que acusan que Guillermo del Toro plagió La forma del agua.